MUSEO VIRTUAL DEL PINTOR SAN LUIS

 

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SAN LUIS (Vigo, 1930-1997)

 

Mi viejo barrio (c/ Méndez Núñez)

 

OBRA

 

La figura de San Luis se caracteriza por dos aspectos principales: fue un pintor autodidacta y fue un pintor profesional. Si bien la primera característica ha sido frecuentísima en la Galicia de su época (debido a la carencia secular de centros de enseñanza), la segunda característica —el hecho de vivir exclusivamente de la pintura— ha sido ciertamente infrecuente. A nadie se le oculta lo que ello significa: la profesionalidad implica un alto grado de libertad, pero también de servidumbre, por la necesidad, a veces, de realizar trabajos simplemente "alimenticios".

La obra pictórica de San Luis presenta un doble registro: en primer lugar, el realismo, por veces costumbrista, con el que describe minuciosamente los ambientes; en segundo lugar, la creación de figuras imaginarias e irreales, de brillante factura y contenido simbólico. Podemos definirla como una pintura figurativa, amante del detalle, de pincelada trabajada e intenso y matizado colorido.

Pintor de amplia temática, San Luis destaca como paisajista, fundamentalmente como paisajista urbano. El amor que experimentó por la tierra y el paisaje gallegos se focalizó, con el transcurso de los años, en Vigo, su ciudad natal, a la que convirtió en verdadera protagonista de su obra. De este modo, el trabajo del natural fue su auténtica escuela y su permanente lección.

Podemos afirmar, pues, que San Luis es el pintor de Vigo: desde 1957 a 1997 retrató la ciudad a todas horas, en sus más diversos aspectos, en sus plazas recoletas y en sus calles principales. Fue, en esto, único, ya que ningún otro pintor escogió a la ciudad de Vigo como tema predilecto de su obra. De tal manera, por encima de cualquier valoración crítica, la pintura de San Luis tiene un valor documental innegable, primero, y sentimental, después, para los vigueses. En este sentido, puede afirmarse que los cuadros de San Luis son ya historia, la historia urbana de Vigo, que él retrató durante cuarenta años.

Destacaremos, entre sus obras, los más de veinte óleos dedicados al "Berbés" (1980-90); la serie de plazas de Vigo, desde la monumental "Plaza de la Constitución" (1975) a "Plaza de la Princesa" (1978), "Plaza de Almeida" (1979) o "Plaza del Peñasco" (1990); el tríptico dedicado a la "Porta do Sol" (1980, 1983, 1995); la serie del barrio de la "Herrería" (1978, 1983, 1985, 1990); el ciclo dedicado a las iglesias de Vigo, desde "Capuchinos" (1969) a "Castrelos", "Coruxo", "Bembribe" y "Beade" (años 90); la serie de los molinos, desde "O muíño de Chapela" (1970) a "O muíño de Zamáns" (1983); o la de los pazos, entre los que destacaremos "As roíñas do pazo de Mos" (1976); memorables son, en fin, "A ponte de Rande" (1981) y "Toralla" (1986).

Paisajista urbano, San Luis se interesa también por el estudio de la figura humana, ya en sí misma considerada, ya en relación con el medio. En este segundo aspecto, mencionaremos los retratos de afiladores, taberneros, mendigos y músicos ambulantes, además de la serie titulada genéricamente "El Vigo que desaparece": "El último sereno", "El coplero portugués", "El barquillero", "La castañera de Príncipe"...

Aunque la pintura fue el género artístico más cultivado por San Luis, tampoco desdeñó el dibujo. En este campo, destaca la serie "Apuntes de las calles de Vigo y alrededores", compuesta por más de cincuenta dibujos realizados entre los años 1980 y 1997.

La obra de San Luis está presente en colecciones particulares de España y América. Además, está representada en edificios y comunidades religiosas, para los que realizó encargos. Destaca el mural pintado, en los años ochenta, para la Iglesia de Santo Tomé de Freixeiro.

 

 

VALORACIÓN DEL PINTOR SAN LUIS

En el pintor San Luis deben valorarse tres aspectos:

1) Su obra pictórica

2) Su labor docente

3) San Luis como obra viva

Es innegable que el pintor San Luis ha sido una figura emblemática de la ciudad de Vigo, una figura que se hizo casi consustancial con el paisaje urbano. Durante mucho tiempo, los vigueses lo recordarán, con su lienzo y su caballete, pintando en cualquier rincón de la ciudad, rodeado de una nube de curiosos y de admiradores. Incomprendido por unos y ensalzado por otros, los ciudadanos de Vigo han tomado partido ante su figura y su obra, y es indudable que, para muchos, San Luis ha constituido una lección de independencia y de originalidad. La admiración y el cariño que recibió de sus conciudadanos así lo demuestra. Ajeno a escuelas, enemigo de modas y sin continuadores, San Luis es un caso aparte. Pero hay que contar con él.